#Fotonovela

Hola, bienvenidos a una nueva entrada del blog. Hoy quiero hablar de un formato narrativo que fue muy popular mucho antes de que existieran TikTok, Instagram o las stories: la fotonovela. Puede que ahora parezca algo antiguo, pero descubrir cómo funciona y adaptarlo a la actualidad ha sido una experiencia bastante interesante.

Para quien no lo conozca, una fotonovela es básicamente una historia contada con fotografías. Las imágenes se colocan en orden, como si fueran viñetas de un cómic, y se acompañan de bocadillos con diálogos y pequeños textos que ayudan a entender lo que está pasando. La diferencia es que, en lugar de dibujos, se utilizan fotos reales con personas posando para representar las escenas, las emociones y los conflictos de la historia.

Este formato tuvo muchísimo éxito entre los años 50 y los 80, sobre todo en países como Italia, México y España. Más tarde, en los años 80 y 90, también empezó a aparecer en revistas juveniles, donde se adaptó a historias más cercanas a la vida de los jóvenes.

En cuanto al público, las fotonovelas estaban pensadas principalmente para gente joven, especialmente chicas, aunque también las leían muchos adultos que disfrutaban de historias románticas, dramáticas o con un poco de misterio. Eran fáciles de leer, entretenidas y muy emocionales, por eso engancharon tanto a la gente.

Las historias solían tratar temas bastante intensos: amores imposibles, celos, traiciones, secretos familiares, diferencias sociales o giros dramáticos inesperados. Todo estaba pensado para mantener la intriga y que el lector quisiera seguir leyendo hasta descubrir qué pasaba al final.

Visualmente también tenían un estilo muy particular. Los primeros planos se usaban para mostrar emociones fuertes, los planos medios para los diálogos y los planos generales para situar la escena. Las poses y las expresiones solían ser bastante exageradas, porque las fotos tenían que transmitir todo sin movimiento ni sonido. Además, los bocadillos mostraban lo que decían o pensaban los personajes, y a veces aparecía un narrador en tercera persona que explicaba la situación o adelantaba algún conflicto. Muchas fotonovelas incluso terminaban con finales abiertos o con alguna moraleja.

Algo que me sorprendió bastante al trabajar con este formato fue ver lo mucho que se puede transmitir con una simple foto. También me llamó la atención lo exageradas que son algunas poses y expresiones, pero al final eso forma parte de su estilo y es precisamente lo que les da ese toque tan dramático.

Aunque hoy pueda parecer un formato del pasado, la fotonovela todavía tiene mucho potencial creativo. Obliga a pensar bien cada imagen, a cuidar los encuadres y a buscar maneras de transmitir emociones sin usar movimiento. Y justo por eso puede resultar una forma muy interesante de contar historias hoy en día.

Este trabajo tampoco habría sido posible sin la ayuda de mi compañera artística: dreamcatcherjournalart.blogspot.com.


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